sábado, 21 de abril de 2012

De capa caída.

     Así está la monarquía española hoy en día. Y es que no hay otra. ¿Será posible, en el día a día que vivimos, que todavía tengamos que presenciar cosas de este tipo? Por lo que veo, y vemos casi todos, parece que sí. No hace tanto tiempo que se configuró la monarquía en España, si nos basamos en términos de existencia del ser humano. El hombre ha vivido su existencia bajo formas de poder del todo variadas, y ha sobrevivido a ellas bajo la domesticación, la sumisión y la ignorancia.



     Desde que se iniciara el mundo feudal y medieval, donde los señores, caballeros y reyes mantenían unas redes de clientelismo y ayuda mutua, el mundo ha cambiado mucho. En esa época, los reyes manejaban a su antojo los hilos de la política, la economía, el ejército y la sociedad. Nadie había quien se pudiera enfrentar a ellos y, los que podían hacerlo, se aliaban a ese poder para obtener beneficios cuantiosos. Un pequeño y elitista círculo político, favorito del rey, tomaba las decisiones del reino por motu propio. Nada se interponía en su camino. Absolutamente nada. Y quiérase que fuera así, por que si algún osado se atrevía a cuestionar ese poder, no vivía para contarlo. Pero bueno, ¡eran otros tiempos!, ¿no?

     Ya en la época moderna, cuando las monarquías europeas se gustaban conquistando territorios e imponiendo onerosos pagos a sus ciudadanos, la cosa cambió también bastante poco. Las empresas conquistadoras y colonizadoras de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, no fueron más que eso, empresas. Viajes de negocios motivados por un solo objetivo: el oro y la plata. Las Américas valían un potosí, y eso muy bien lo sabían los nobles y burgueses que obtenían innumerables rendimientos y beneficios en esos lucrativos negocios. Y la Monarquía también era sabedora de eso. ¿Cómo hubiese sido posible el Siglo del Oro español en el siglo XVI sin el oro y la plata que llegaban de las Nuevas Indias? Sin esos metales, habría sido imposible una hegemonía europea y americana sin parangón. Los Austrias continuaron con el mismo tipo de política económica en el siglo XVII hasta que estrangularon su propio sistema, y el de los otros. Parece que lo de aprovecharse del vecino no anda muy lejos, ni en el tiempo ni en el espacio. Y llegaron los Borbones. Exactamente, como los que tenemos hoy en día, pero en el siglo XVIII. Y tampoco cambió mucho la cosa: poderes reales por aquí, centralización y uniformidad por allá, impuestos fiscales por el otro lado, y una Monarquía que seguía lucrándose de su Nación. Pero era otra época, ¿no?

     Parecía que la edad contemporánea, en la que la razón, la cordura y el Estado Moderno estaban asentadas por completo, mejoraría la situación. Y en parte, así fue. El ciudadano de a pie, a ese que comenzaban a decirle: "oiga, que usted es la Nación, que usted es parte de su Patria"; entonces éste y algunos más comenzaban a comprender que la cosa pintaba mal, muy mal, para ellos. ¿Tercer Estado? ¿Pueblo llano? ¿Qué nomenclatura social era esa para denominar al sector social más relevante de un Estado? ¿Cuál debería ser el verdadero nombre para unos ciudadanos que no tenían ni voz ni voto, pero que mantenían al país con el sudor de su frente, manteniendo las potentes cargas fiscales? No extrañó pues, en toda Europa, cuando se hicieron eco de que la cabeza del monarca francés Luis XVI rodaba por París, que la cosa cambiaba. Algo así como la "The times they are a-changing", del gran Bob Dylan (pero acoplada al pasado).  La Revolución social, ciudadana, del pueblo, era un hecho y una realidad. O la monarquía cambiaba o se iba fuera. En España, el acongojamiento de la Casa Real era tal, que nos dispusimos a llamar al mayor Imperio de Europa en esos momentos: Francia. Y como no, el gran Napoleón Bonaparte no era tan tonto como nosotros para perder esa oportunidad. Pero aguantamos como bellacos: el pueblo y todos. La identidad colectiva de los españoles comenzaba a creer en otra cosa, ¡gracias a Dios! Y despues de una dura guerra de la Independencia, en la que España salvó a España a través de una guerrilla contra franceses y afrancesados, Pepe Botella fue expulsado de España y el deseado Fernando VII se estableció en el trono. Pero este nuevo rey, no hizo otra cosa que configurar un Absolutismo más fuerte que el del cornudo de su padre. ¡Para caerse de espaldas, vamos!

     Menos mal que los españoles somos cabezones, y se luchó por algo más. ¡Pero ojo!, que yo no estoy diciendo que los españoles quisieran acabar con la Monarquía. Eso no era así. Lo que buscaban era una Monarquía, pero liberal, constitucional y con derechos ciudadanos. Simplemente era eso, pero el monarca quería más y más. Tras idas y venidas, el liberalismo se asentó, y triunfó, bajo la Monarquía. Porque ella, y el Rey, eran los verdaderos garantes de la constitucionalidad y de los derechos de los ciudadanos.

     Tras una República más que fracasada, y una Guerra Civil que enfrentó a las dos Españas (las de los tontos y las de los más tontos me refiero. Indiquen ustedes, si quieren hacerlo, quienes eran cada unos. A mi no me importa), llegó el sumum, el punto de inflexión. Un jefezuelo militar, enano y calvorotas, que pretendía crear una nueva España, cuando España ya había nacido con el Liberalismo del siglo XIX, se alzaba como el Caudillo y Generalísimo. La involución humana y social saltaba a la palestra.

     Y esto solo ofrece una cosa, en definitiva: una sociedad cansada, abigarrada y marchita de sus fracasos. Y por supuesto, unos ciudadanos temerosos ante la política y deseosos de libertad y de democracia.

     Ya en la España reciente, concretamente a partir de 1975 que muriera Franco, España comenzó a cambiar. La Transición Democrática, que significó el triunfo de la democracia y el parlamentarismo político, impuso una legalidad y raciocinio no comunes anteriormente. El Rey tuvo un papel básico en su papel como garante de las libertades democráticas, y contrario a los intentos subversivos y desestabilizadores de los obsoletos y depravados militaruchos. Ahora renacía España de sus cenizas, y todos los sabían. Únicamente las voluntades unidas de todos los españoles permitieron el cambio.

     El ciudadano, ahora sí, comprendía y entendía una España nueva y diferente. Pero no por mucho tiempo... La estabilidad económica en España, desde finales del siglo XX hasta principios del siglo XXI, ha sido más que considerable. Y si no que me lo expliquen: chaletitos en la sierra, vacaciones financiadas (sí, no os equivocáis, como las que anunciaba Curro), audis y BMW para todo el que quisiera tenerlo,... Dicen las estadísticas que los españoles somos los ciudadanos que más vivimos por encima de nuestras posibilidades. Y no hay ninguna duda de que es del todo cierto. De todos modos, ¿cómo vamos a vivir por encima de nuestras posibilidades, si nuestras posibilidades vienen determinadas por el poder adquisitivo que tenemos? ¿Alguien debe habernos "financiado" esas posibilidades, no? Ejem, ejem.

     Pero ya no hay ciudadanos como los de antes. Jóvenes que luchaban por su supervivencia humana. Un pueblo que se manifestaba de verdad, que luchaba bajo una "bandera" (que no la de su país, sino la de su ideología), que pedía justicia y libertad. Que protestaba contra las injusticias, los agravios y las muecas burlescas emitidas desde la alta política. Pero es que hoy, aún, vivimos muy bien. Hoy ocurre los mismo, aunque con una salvedad: la guillotina y el garrote vil han dado paso al arresto domiciliario, multas o algún mes en prisión (con televisión, prensa, buena comida y separados de presos peligrosos).

     No pretendo juzgar a nadie en este escrito, pues no es mi cometido, ni soy nadie para hacerlo. Mi padre siempre dice que en la vida cada uno puede hacer lo que quiera, pero que cuando morimos, ya todos somos iguales, sea uno rico o pobre. Las cenizas no tienen diferencia, todas son iguales. ¡Qué consuelo! Es la belleza de la vida y de la naturaleza. Supongo que el de arriba se encargara de ello, de poner las cosas en su sitio, cuando llegue la hora. Y si por desgracia no fuera así, ya me encargaré yo de zumbarles la badana en la medida de lo posible en la vida terrenal. Mientras tanto, satisfago mis inquebrantables necesidades de denunciar en la historia, y en la actualidad, la traición y el apuñalamiento con alevosía de nuestros queridos representantes de la nación. Y lo hago por que me siento bien, me siento vivo, y muestro mi deseo de presentar a la carta a tanto malintencionado y traidor ciudadano. Y ahí meto a muchos, que no todos. Una persona es inocente hasta que se demuestre lo contario. Que así sea. Aunque suelen decir que cuando el río suena, agua lleva. Aunque sea muy poquita, pero algo lleva.

     No soy contrario a la Monarquía, ni a los políticos, ni a nada de nada. Solo reprocho y desaprueblo el robo y el amasamiento material de fortunas, conducido por las ansias de unos pocos de tener más de lo que cabe en sus manos. Espero que nadie que lea esto se sienta dolido ni aludido. Si así fuera, que me extrañaría, no le pido disculpas, pues directa y amablemente, le pido que deje de leerme. Hay momentos en la vida que uno ha de decidir el cómo hacer las cosas, decir lo que piensa, y la realidad que ve día a día en la vida. Es esa pizca de sal que nos hace humanos y nos permite enfrentarnos a esos asuntos que no podemos alcanzar con las manos, y con nuestras palabras.

     Como ya dijo una persona cercana a mi entorno, la monarquía se ha quedado "mona" solamente...


Artículos de interés:

http://principiamarsupia.wordpress.com/2012/04/16/carta-de-un-investigador-al-rey-don-juan-carlos/

1 comentario:

  1. Monarquía o no monarquía .... Esa es la cuestión....
    La monarquía en su momento puede q hiciera su papel... Hoy en día la monarquía es papel mojado.
    Papel mojado y sucio... Muy sucio
    No tiene desperdicio, pero estos y aquellos, vomitivo.
    La historia esta escrita y tu de eso sabes muxo ;-) y no se puede cambiar, pero nuestra historia la estamos escribiendo ahora y cada día q pasa se puede hacer mejor.
    Hay q Decir lo q pasa por que parece q hay muxos q estan ausentes, como birn dices antes se luchaba de otra manera Hoy en día hay un gran apalancamiento de la sociedad y mandatarios.
    Hay q cambiar la historia y esta es la mejor manera.
    Yo no se si era creyente, ahora estoy segura de no serlo y orgullosa de mi convicción pero... Q los dioses escuchen nuestras plegarias...
    Gracias por seguir ahí, en la lucha escrita.

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